sábado, 14 de diciembre de 2013

PALACIO DE LA DUQUESA DE SUECA


En la línea de nuestras anteriores entradas para conocer un poco mejor los edificios históricos ya desaparecidos, traemos a estas páginas el palacio de la duquesa de Sueca que se encuentra en estos momentos a punto de su desaparición.
El viejo palacio se encuentra en el número 2 de la Plaza del Duque de Alba, una pequeña plaza situada en la calle del mismo nombre. Para los que no conozcan esta calle, simplemente diremos que se encuentra entre la Plaza de Tirso de Molina y el comienzo del Rastro.
Fachada del palacio de la duquesa de Sueca en la plaza del Duque de Alba

En apariencia, cuando observamos la fachada del antiguo palacio, nada nos hace pensar que nos encontramos delante de un edifico histórico que por desgracia se encuentra rodeado por otras edificaciones dentro de  la misma manzana que el Instituto y la Colegiata de San Isidro. Gracias a las vistas aéreas que nos facilita Google podemos contemplar sus dimensiones.
En 1767, Carlos III decreta la expulsión de los jesuitas propietarios de la Iglesia y del Instituto de San Isidro, así como de las huertas aledañas. Para sus ambiciones políticas, Carlos III, necesitaba que el clero estuviese sometido a su mandato, así que aprovechando el llamado Motín de Esquilache, decreta su expulsión. El Instituto de San Isidro deja de funcionar como tal, dividiéndose el conjunto arquitectónico en tres partes: Una parte para viviendas, en otra parte se restituyen los Reales Estudios y la iglesia que forma parte del edificio pasa a denominarse Real Colegiata de San Isidro, al coincidir con la llegada de los restos mortales de San Isidro.
Plano zonal de Pedro Texeira del año 1656

Aprovechando la expropiación de los bienes de los jesuitas, ya en 1791, Carlos IV,  en los terrenos ocupados por las huertas manda construir una escuela para los hijos de los empleados del rey y viviendas para los maestros, el arquitecto encargado de las obras fue Antonio de Abajo, discípulo y colaborador de Juan de Villanueva.
Cambios producidos en la zona según la Maqueta de León Gil de 1830, la estrella nos indica la fachada principal del palacio en la plaza del Duque de Alba

Antes de continuar con la historia del palacio de la duquesa de Sueca, creemos oportuno realizar una breve reseña sobre el arquitecto responsable de las obras del palacio. Antonio Abajo nace en Madrid dedicándose a la arquitectura en la que se formó como autodidacta. Pese a no ser muy conocido, participó en varias de las obras más conocidas de Madrid entre las que destaca, el Hospital General de Madrid donde trabajo a las órdenes  de Pedro Vanvitelli, cuñado de Francesco Sabatini, arquitecto real que diseñó los planos del Hospital. En la poca bibliografía existente, Abajo aparece en el año 1782 como aparejador en las obras del Oratorio del Caballero de Gracia por recomendación del arquitecto Juan de Villanueva, que había diseñado el Oratorio. Es recomendable visitar el edificio religioso que se encuentra  situado entre la Gran Vía y la calle Caballero de Gracia.
Vista aérea del palacio de la duquesa de Sueca según Google

El propio arquitecto Juan de Villanueva, nombró en 1785 a Antonio Abajo como primer ayudante en las obras del  Gabinete de Ciencias Naturales (actual Museo del Prado), mandado construir por Carlos III. Al parecer Antonio Abajo actuó como testigo en la boda secreta de Juan de Villanueva el 26 de Agosto de 1806 con Juana Moraza  que había sido madrina de la boda de su hija. Juana Moraza casada con José Alonso se había quedado viuda unos años antes.
Patio interior del palacio, fotografía del propio Ayuntamiento

Como hemos indicado en párrafos anteriores, será en 1791 cuando Abajo construya la escuela para los hijos de los empleados de la casa real. Pocos años después el conjunto de las edificaciones construidas pasa a ser propiedad como residencia palaciega de la sobrina de Carlos IV, María Teresa de Borbón.
María Teresa de Borbón, era hija del Infante Don Luis de Borbón y Farnesio, hermano de Carlos III y que vivió casi siempre en el exilio. A la muerte de su padre en 1785, María Teresa ingresó en el convento de San Clemente en Toledo. En el año 1797 abandona el convento para casarse en  El Escorial con Manuel Godoy, válido y primer ministro de  Carlos IV. Manuel Godoy entre otros títulos ostentaba el de duque de Sueca y este es el motivo de que el palacio se conociese con el nombre de palacio de la duquesa de Sueca.
Deterioros más que evidentes del palacio de la duquesa de Sueca

María Teresa utilizaba como vivienda habitual su palacio de la plaza del Duque de Alba, aunque mantenía a su nombre el palacio de su padre en Boadilla del Monte.
En 1803, María Teresa hereda el título de condesa de Chinchón y con el mencionado título es inmortalizada por Francisco de Goya.
Los manejos políticos de Godoy en la invasión napoleónica propiciaron la caída del llamado “Príncipe de la Paz” en los hechos conocidos como el “Motín de Aranjuez” en el año 1808.
El palacio de María Teresa sigue con su carácter público, siendo conocido como “Casa de las Temporalidades” aunque nunca dejó de pertenecer a la Casa de Sueca.
Deterioros en la fachada del palacio limitando con el patio del Instituto de San Isidro

Durante el periodo de regencia de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias en el año 1835, la Comisión Central de Instrucción Primaria por mandato de la propia Regente, se establece en Madrid una escuela de enseñanza y debido a la grandes dimensiones del antiguo palacio cercano a los 3000 metros cuadrados (algunas fuentes indican que las superficie ocupada por el palacio es de 7000 metros aproximadamente), metros arriba metros abajo, lo cierto es que el palacio es elegido como la “Casa de las Temporalidades” con el fin de acoger a cerca de 300 niños. El resultado no fue el esperado y en 1836 el edificio acogió a la Real Academia de Ciencias Eclesiásticas de San Isidoro.
En el año 1837 el palacio es ocupado por el Colegio de Humanidades fundado por Francisco Serra Basas que se encontraba ubicado en la actual calle de Mesonero Romano y que debido a la falta de espacio se traslada a la Plaza del Duque de Alba.
El colegio incorporado a la Universidad de Alcalá de Henares impartía gran número de materias entre las que destacaremos: Latín,  Metafísica, Gramática, Física, Filosofía, Geografía e Historia, Idiomas, Dibujo y una serie de asignaturas enfocadas a la arquitectura y maquinaría.
Protesta ciudadana delante de palacio, fotografía de ABC

El colegio era un modelo para su época y además las certificaciones abaladas por la Universidad de Alcalá, eran admitidas para otras carreras superiores. El colegio admitía alumnos tanto en régimen interno, externo o como medio-pensionistas, no admitiendo más de veinte alumnos por aula.
En la planta baja del colegio en el año 1846, la Imprenta de Gregorio Salcedo editaba el diario “El Popular” y en el año 1848 pasó a editarse el diario “La España”.
Pero por desgracia todo llega a su fin, y así en el año 1857 cierra el colegio, saliendo a subasta todos sus enseres, para posteriormente arrendarse el conjunto de edificaciones. 
El colegio es arrendado al  Ministerio de Fomento, que en el año 1859, se lo cede al Ministerio de la Gobernación para uso como Cuartel de la Guardia Civil, que ocupó el edificio hasta comienzos del Siglo XX.
Comunicación entre los patios del antiguo palacio

Será aproximadamente en el año 1910, cuando el palacio se transforme para su uso como viviendas, hasta un total de cincuenta y seis.
Mucho se ha escrito sobre el antiguo palacio y el futuro que le espera. En la década de los ochenta del pasado siglo, el antiguo palacio ante la situación de deterioro que presentaba, comenzo a quedarse sin inquilinos, algunos han manifestado que estaban sufriendo acoso para abandonar sus viviendas.
En 1983, el Ayuntamiento pretendió expropiar el inmueble debido al estado de deterioro que presentaba y con la justificación de rehabilitarlo, pero la expropiación queda paralizada y la Inmobiliaria DUCALBA SA,  se hace con la titularidad del edificio en el año 1987 adquiriéndolo a sus propietarios, los descendientes de la duquesa de Sueca. DUCALBA SA, pretendía rehabilitar el edificio para construir viviendas de alquiler. Las obras dieron comienzo pero posteriormente en 1988, el Ayuntamiento paraliza las obras por entender que la licencia de obra solicitada solo permite realizar obras menores y el edificio está catalogado como protegido.
Palacio de Don Luis de Borbón en Boadilla del Monte

Finalmente el Ayuntamiento de Madrid expropia el inmueble en el año 1998 siendo Alcalde José María Álvarez del Manzano. La primera opción del Ayuntamiento tras su expropiación es convertirlo en sede de la Concejalía de Asuntos Sociales.
Con el nombramiento como Alcalde de Madrid de Alberto Ruiz-Gallardón en 2003, el proyecto queda congelado, realizándose un nuevo encargo al arquitecto portugués Álvaro de Siza para  rehabilitar el inmueble y destinarlo a pisos de alquiler para jóvenes. En la planta baja del edificio se ubicarían equipamientos sociales como podían ser una escuela infantil, una escuela de música, o una biblioteca.
Como el edifico disponía de un alto grado de protección no era posible construir más de 60 viviendas, lo que llevó  a Gallardón a paralizar el proyecto.
En el año 2007, un juzgado dio la razón a DUCALBA SA, que había presentado un recurso por la expropiación del edifico. Tanto Ayuntamiento como DUCALBA SA, mantienen un litigio para acordar el precio de la reversión y mientras tanto el edifico sigue deteriorándose gravemente.
En esta situación, el Ayuntamiento se ha visto obligado a realizar obras de apuntalamiento y estabilización, especialmente en la fachada contigua con el patio del Instituto de San Isidro por peligro de derrumbe.
Para finalizar nuestro recorrido por el palacio de la duquesa de Sueca, traemos a estas páginas la historia de la última inquilina del edificio, Doña Carmen, que nació en el inmueble, y era propietaria de uno de los pisos, regalo de Carlos Ruspoli último de los Sueca a sus padres, como reconocimiento por los arreglos que el padre de Doña Carmen realizaba al coche del duque sin cobrar nada por ello.
Todos los inquilinos abandonaron el edificio pero Doña Carmen, permaneció en su vivienda sin agua, sin luz, sin y sin ninguna comodidad hasta su muerte hace pocos años y a punto de llegar a los  90 años.
Supongo, que alguno de vosotros, después de leer estas líneas, se habrá acercado a conocer el antiguo Palacio de Sueca y la decepción seguro que ha sido mayúscula, para apagar las penas, os propongo tomar un vermut en una de las tabernas más antiguas de Madrid. 
En el número 13 de la calle del Mesón de Paredes, se encuentra la La Taberna de Antonio Sánchez que nace en 1884 con una gran vocación taurina que todavía conserva en nuestros días. En su dilatada existencia poco ha cambiado su fisonomía de taberna madrileña. Conserva su mostrador de zinc, las fotografías de antiguos toreros como Frascuelo o Lagartijo adornando las paredes, todavía podemos contemplar las huellas de los autores de la Generación del 98 atraídos por la fama de sus tapas y sus vinos, y como curiosidad sobreviven los carteles que todavía venden las torrijas a quince céntimos o que prohibe escupir en el suelo. Almodóvar eligió este local como escenario para una secuencia de la película "La flor de mi secreto".




        Anteriormente ya había sido una taberna desde 1830. En 1870 pertenecía al torero Colita, luego al diestro Cara Ancha. En 1884 lo compra Antonio Sánchez, entrador de vinos, natural de Valdepeñas, al que sucede su hijo de aficiones: Torero, pintor y guitarrista.
Antonio Sánchez hijo, fue torero entre 1922 y 1929. Amigo de Zuloaga, que estableció una tertulia y que animó al torero a ser pintor. El periodista taurino Antonio Díaz Cañabate escribió en 1947 "Historia de una Taberna", conjunto de estampas costumbristas de aquél Madrid que  ya solo queda en el recuerdo. Falleció Antonio Sánchez en 1964.
 
Interior de la Taberna de Antonio Sánchez
     Es un deleite para los sentidos tomarse un buen chato de Valdepeñas ó de otros puntos de España en este histórico local, sin olvidarnos del vermut de barril.
Pero no nos olvidemos de algunas de alguna de sus recetas más castizas, como los caracoles guisados, la tortilla de San Isidro, los huevos estrellados, el rabo de toro con patatas, el bacalao guisado con huevos y un largo etc. Por último, no podemos dejar de paladear el postre de cuaresma, la torrija, una de las más apreciadas en Madrid.
Desde el año 2007, la Taberna de Antonio Sánchez luce la placa de local centenario del Ayuntamiento de Madrid, colocada en la acera y diseñada por Mingote.
Después de tomarnos unos vinos o el vermut, que mejor que acercarnos a la Calle de San Millán para terminar de apagar la decepción por el estado del Palacio de Sueca.
Quien no ha escuchado la expresión “Si quieres comer bien y barato en San Millán número 4”. En este lugar, junto a la calle Toledo se encuentra el Restaurante Oliveros.
La Taberna Oliveros, se fundó en el año 1857 y se conserva tal y como se construyó. Posee una portada de azulejos del año 1922 obra del ceramista Fidel Blanco donde podemos leer el eslogan de la casa Oliveros: "Para comer bien y barato, San Millán 4".



     Perteneciente a la familia Oliveros, continúan con la tradición y prácticamente la misma cocina de su fundador, destacaremos el famoso  cocido madrileño, los callos, el bacalao rebozado y los postres caseros. En cuanto a su decoración interior, sigue siendo la original con su barra de lebrillo, y azulejos en relieve de la Cartuja de Sevilla.



lunes, 4 de noviembre de 2013

PLAZA DE SANTA BARBARA


La Plaza de Santa Bárbara, se encuentra situada junto a la Plaza de Alonso Martínez y a ella desembocan calles como: Hortaleza,  Serrano Anguita, Santa Teresa y Orellana. Al parecer el nombre procede del convento de Santa Bárbara que estuvo situado entre las calles de Génova y Santa Teresa.
Comenzaremos nuestro recorrido por la historia de la plaza remontándonos al Siglo XVII y nos serviremos del Plano de Pedro Texeira de 1656 en el que podemos apreciar la antigua Puerta de Santa Bárbara.
Plano de Pedro Texeira año 1656, reseñada en rojo podemos apreciar la iglesia-convento de Santa Bárbara y en azul el molino que posteriormente alojó la Fábrica de Tapices

La Puerta o Portillo de Santa Bárbara como también se la denominó se encontraba situado en la cerca de Felipe IV muy próximo al convento de Santa Bárbara. Fue construido conjuntamente con la cerca en el año 1625, disponiendo de un solo arco de ladrillo.
Fuera de la cerca, a la izquierda del camino de Hortaleza, se encontraba un molino que no se sabe con certeza de quien era la propiedad, algunas fuentes nos indican que era propiedad del convento de San Plácido. El citado molino se convirtió en fábrica de pólvora en los comienzos del Siglo XVIII.
Será en el año 1721, cuando se instale en los terrenos del molino, la Real Fábrica de Tapices que en la actualidad se encuentra junto a la Estación de Atocha, en concreto en la calle Fuenterrabía.
Recreación de la primitiva Fábrica de Tapices

La fundación de la Real Fábrica de Tapices fue una iniciativa de Felipe V aproximadamente por  el año 1721 con la intención de crear una industria de tapices en España capaz de competir en prestigio y calidad con las manufacturas flamencas, evitando de esta forma tener que recurrir a tejidos foráneos para la decoración de los Reales Sitios como: La Granja, Aranjuez y el Palacio Real.
La Real Fábrica de Tapices se creó siguiendo el modelo francés y que mejor que traer un flamenco para ponerla en marcha. Felipe V, se trajo a la familia de Jacobo Vandergoten naturales de Amberes, que inmediatamente levantaron una primera fábrica fuera de la ciudad.  La Fábrica  permaneció en Santa Bárbara hasta el año 1882, siendo más conocida como Casa de Santa Bárbara.
Plaza de Santa Barbara primera mitad del Siglo XIX, señalizada en negro la Fábrica de Tapices, en naranja el convento de Santa Bárbara reconvertido en Fábrica de fundición y en rojo el matadero, posterior cárcel del Saladero.

El hijo de Jacobo Vandergoten, también llamado Jacobo levantó una nueva fábrica en el año 1734 en la calle Santa Isabel, con el fin de trabajar lienzos alternativos. El nombre de la Fábrica de Tapices de Santa Isabel, debe su nombre al cercano  Real Monasterio de Santa Isabel, la Fábrica de Tapices dio lugar al célebre cuadro de “Las Hilanderas” de Velázquez.
Pocos años después, en el año 1744, se unieron ambas fábricas bajo el patrocinio real. A partir de este momento pasa a denominarse Real Fábrica de Tapices, momentos es los que adquiere su mayor esplendor. Hasta este momento los tapices se elaboraban con los bocetos realizados por pintores de la corte y otros dibujos traídos a España por la familia Vandergoten. Comienza una nueva etapa incorporando nuevos diseños como los de los pintores: Mengs, Francisco Bayeu, Salvador Maella y especialmente Francisco de Goya.
Año 1894, nueva Fábrica de Tapices junto a la Basílica de Atocha

La evolución de la Real Fábrica siempre estará vinculada con la corona. Al frente de la Fábrica para controlar la economía se nombra un Intendente Real, que será quien establezca las contratas o sistema que recogía las condiciones para llevar a efecto los distintos trabajos. La dirección artística corre a cargo de los pintores de la Real Cámara, que serán los responsables de la calidad de los trabajos.
En 1750 se formaliza la tercera contrata que será la más importante asumiendo  la Fábrica la conservación y restauración de todas las tapicerías y alfombras de los Reales Sitios.
Con la guerra de la independencia se inicia una larga etapa de decadencia en la Real Fábrica. En 1860 la Corona cede a la familia Stuyck el uso del edificio, en régimen de alquiler, y se le permite una actividad mercantil con particulares. Con la incorporación a la Fábrica de encargos de personas particulares se podrá mantener a flote la Real Fábrica, ya que los encargos reales no son suficientes y no justificaban su existencia. A partir de este momento los tapices entran en declive, siendo sustituidos progresivamente por las alfombras.
Con la llegada al trono de  Alfonso XII comienza una ligera recuperación, pero debido a que la vieja fábrica no reunía las condiciones para los nuevos tiempos, en 1882 Alfonso XII autorizó la demolición de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara para proceder al ensanche de Madrid,  ordenando la construcción de un moderno edificio en los terrenos del Olivar y Huerta del Convento de Atocha.
Imagen actual de la Real Fábrica de Tapices

En los terrenos situados entre la Plaza  de Santa Bárbara, y el Paseo de Recoletos se encontraban  tres conventos con sus respectivas huertas: Santa Teresa, las Salesas y el de Santa Bárbara. En la actualidad solo permanece Las Salesas, pero nosotros nos detendremos brevemente en conocer un poco la historia del convento de Santa Bárbara, pero antes de realizar la reseña del convento del que existen pocos datos, es casi obligatorio recordar a la Beata María Ana de Jesús que mucho tuvo que ver con la fundación del convento.
María Ana Navarro de Guevara y Romero, nació y falleció en Madrid, (1565-1624). María Ana vino al mundo en el seno de una familia relacionada con los círculos cortesanos, ya que el padre era peletero del rey Felipe II y posteriormente de Felipe III.
Placas que nos recuerdan a la Beata Mariana de Jesús, la primera en el convento de Don Juan de Alarcón en la calle Valverde número 15 y la segunda en la calle donde nació Santiago número 2

María Ana o Mariana como se la conocía, desde muy joven siempre quiso profesar en una orden religiosa, a pesar de la oposición de su padre casado en segundas nupcias y que tenía concertado el matrimonio de Mariana con un joven de la nobleza.
Dice la leyenda que Mariana se desfiguró el rostro con el fin de ser rechazada por su prometido. Verdad o mentira, lo cierto es que Mariana, se retiró como penitente en el año 1598  junto a la ermita de Santa Bárbara
Pudo subsistir con la ayuda de Fray Juan Bautista del Santísimo Sacramento, religioso mercedario y las limosnas de gentes vecinas de la ermita. Vivió en una pequeña casa junto al convento  de los mercedarios descalzos, dedicándose a la oración y a conseguir ayuda para los más necesitados. En el año 1613 es admitida en la Orden de la Merced.
Imágenes de la Beata Mariana de Jesús

Pronto comenzaron a extenderse por Madrid las apariciones y milagros que la acompañaban, dejando escritos describiendo las apariciones que había tenido. Fallece el 17 de abril de 1624 en el convento de los mercedarios de Santa Bárbara a los 59 años de edad.
Antes de su entierro, el cadáver fue expuesto en público durante tres días y el pintor Vicente Carducho realizo mascaras mortuorias de la difunta Mariana. Poco después de su fallecimiento, dio comienzo el proceso de beatificación con gran apoyo del rey Felipe IV.
El día 31 de agosto de 1627 se abrió su sepultura, encontrándose el cuerpo incorrupto y los músculos flexibles y desprendiendo un aroma muy agradable. El rostro se encontraba desfigurado, no se sabe si fue consecuencia de la realización de las máscaras mortuorias o de la leyenda de su desfiguración voluntaria. Los restos de Mariana, se volvieron a exhumar en los años, en 1731, 1924 y 1965 comprobándose que el cuerpo permanecía incorrupto.
En 1783 el Papa Pío VI la declaró beata y el Ayuntamiento de Madrid la coronó como Patrona de Madrid.
En la maqueta de León Gil de 1830, podemos observar señalizado en rojo el convento de Santa Bárbara, en amarillo el matadero y posterior carcel del Saladero, la estrella azul nos indica el lugar donde se contruiría el palacio del conde de Villagonzalo en  1862 y la estrella naranja indica el lugar donde se construyó el primer palacio del marqués de Ustáriz en el Siglo XVIII

El cuerpo incorrupto de la beata fue depositado en el convento de Santa Barbará, hasta la desamortización de Mendizábal en 1836 año en que fue trasladado a  la iglesia del Convento de Don Juan de Alarcón de Madrid situado  en la calle Valverde nº 15. El sepulcro donde reposan sus restos fue donado  por la reina Isabel II. Su festividad se celebra  el día 17 de abril.
Volviendo al convento de Santa Bárbara, el mismo fue fundado en el año 1606 por Fray Juan Bautista del Santísimo Sacramento en los terrenos que ocupaba la vieja ermita que a su vez era propiedad de los tratantes de la antigua plaza de Santa Bárbara. Fray Juan Bautista adquirió la propiedad con la ayuda de Francisco Martínez, Secretario del Concejo. Los trabajos de la iglesia y convento finalizaron en el año 1622.
Actual Plaza de Santa Bárbara

La iglesia fue destruida durante la invasión napoleónica y reconstruida posteriormente durante el reinado de Fernando VII. Después de la desamortización, el convento fue adjudicado en pública subasta a José Bonaplata para establecer en él una fábrica de fundición. Otras fuentes indican que a Bonaplata, le fueron adjudicados los terrenos del antiguo monasterio, en compensación por la pérdida de su fábrica de hilados y tejidos de Barcelona incendiada por los huelguistas de la fábrica en los enfrentamientos  de 1835. La Fundición llegó a contar con más de 80 obreros, dedicados a la fabricación de máquinas de vapor, prensas, faroles, balcones y una gran variedad de productos metalúrgicos.
En el año 1861, la viuda de Bonaplata vendió el terreno a la Sociedad de Crédito Inmobiliario que realizó un nuevo trazado de la zona similar al que podemos contemplar en la actualidad, bajo las directrices del Plan Castro.
En el año 1864 se reabre la Fábrica en la calle de Santa Engracia esquina con García de Paredes donde permaneció hasta principios del Siglo XX, construyendo ascensores de la firma Otis.
Toda la zona de Santa Barbará era un arrabal de gentes humildes y muchos de ellos se dedicaban a la cría de cerdos como medio de subsistencia, motivo que llevó a las autoridades a construir  un matadero frente al convento de Santa Bárbara. El matadero comenzó sus actividades en el año 1768 funcionando también como saladero de los productos del cerdo. El edificio en estilo dieciochesco, disponía de  tres pisos, con una bella fachada aunque de líneas sencillas. La planta baja era utilizada para  las labores propias del matadero y en las dos plantas restantes se ubicaban las oficinas y las viviendas de los operarios. La superficie aproximada del matadero era de 73408 pies (un metro cuadrado equivale a 10,76 pies).
Su construcción se atribuye a Ventura Rodríguez que por aquel entonces era arquitecto de la corte, en unos terrenos vendidos por el Duque de Arcos.
Imagen del antiguo Saladero de Santa Bárbara antes de convertirse en cárcel

Motivado por una epidemia de tifus en las cárceles de la Villa especialmente en la cárcel de Santa Cruz (actual Ministerio de Asuntos Exteriores) en el año 1931, los responsables del Consistorio, se dirigen a la Casa Real para solicitar el traslado de los presos a otro lugar y de esta forma impedir el contagio del personal de la Villa. Aceptada la propuesta, los presos son trasladados al antiguo matadero que pasará a denominarse cárcel del Saladero, considerándose que el edificio reunía las condiciones adecuadas máxime por encontrarse a las afueras de la ciudad.
El aspecto del Saladero, nada tenía que ver con una cárcel, ya que no disponía de protecciones exteriores, únicamente se podían contemplar las verjas en las ventanas. Provisionalmente se instaló una cerca de alambres para evitar la evasión de los presos y con el tiempo se fueron instalando algunos locutorios para las visitas. Pese a las reformas introducidas el Saladero, no reunía las debidas condiciones de salud tanto para presos como para vecindario.
Plaza de Santa Bárbara, los edificios del fondo ocupan el espacio donde estuvo el convento de Santa Bárbara

En la cárcel, en un espacio separado de los adultos, se encontraban recluidos los delincuentes menores de edad llamados “micos”, pero al igual que el resto de presos tenían que vivir en condiciones lamentables con mucha humedad y frió amen de tener que mantenerse con  poca y mala calidad de la comida.
Como en todos los recintos carcelarios, si disponías de algún dinero, podías alquilar una habitación un poco más decente. Existía la zona del Salón para presos distinguidos y el resto de reclusos vivían en los sótanos.
Dadas las condiciones de insalubridad del recinto, los empleados de la cárcel vivían fuera del recinto.
En esta cárcel estuvieron encerrados personajes ilustres como el famoso Luis Candelas, políticos como Nicolás Salmerón o Fernando Garrido, el cura Merino, o el abogado Salustiano Olózaga.
El Saladero dejó de ser cárcel en el año 1884, cuando los presos fueron trasladados a la nueva Cárcel Modelo de la Moncloa y en cuyos terrenos se encuentra el actual Cuartel General del Ejército del Aire.
Cárcel Modelo de Moncloa (1884-1939) 

 Un año después, el Saladero fue derribado y en su lugar se construyó  en el año 1920 el palacio de los condes de  Guevara. El edificio de tres plantas y bajo, fue levantado por el arquitecto Joaquín Pla Laporta en estilo neobarroco, destacando los torreones, las  rejerías, y las balconadas.
El palacio de los Guevara fue expropiado en 1939 con el fin de albergar distintas instituciones bancarias  que fueron cambiando a lo largo del Siglo XX, hasta que en 1999 pasa a formar parte de BBVA.
En el año 2006 se realizó una remodelación para adecuarlo a las necesidades requeridas por el  Centro de Innovación que hoy conocemos. Por suerte en la remodelación se respetaron  las fachadas y los elementos estructurales que nos permiten disfrutar en la actualidad de un espléndido edificio.
Palacio de los  condes de Guevara actual BBVA


Entrada al Centro de Innovación del BBVA


En la plaza de Santa Bárbara, podemos contemplar un magnífico edificio delimitado por las calles de Hortaleza, Mejía Lequeríca, San Mateo y la propia Plaza de Santa Bárbara. Cuando levantas la vista del suelo, lo primero que destaca poderosamente son sus aleros realizados en madera. Se trata del palacio del conde de Villagonzalo.
Aprovechando la ordenación urbana de toda la zona de las Salesas, entre los años 1862 y 1866, el conde de Villagonzalo mando edificar este edificio como residencia personal. El arquitecto encargado de las obras fue Juan de Madrazo y Kunt en estilo racionalista y neogótico que trataba de imponer el arquitecto francés Viollet-le-Duc. En resumen, Kunt  trato de recuperar una estética centroeuropea de origen medieval destacando el ladrillo, la piedra tallada, las rejas, los miradores y los aleros en madera tallada.
Detalles de los aleros del palacio del conde de Villagonzalo

El edificio es  de planta trapezoidal, adaptado a la forma de la parcela, el palacio está organizado alrededor de un pequeño patio central también de forma trapezoidal. Debido a la diferencia de nivel entre Santa Bárbara y Mejía Lequeríca, el edificio dispone de una planta baja en Mejía Lequeríca que en la actualidad está ocupada por una ferretería con mucha solera. El palacio sufrió dos reformas en los años 1916 y 1932.
Actualmente el palacio no está habitado, alquilándose para determinados eventos, como bodas,  presentaciones y actos publicitarios.
Palacio del conde de Villagonzalo en la plaza de Santa Bárbara

En este palacio vivió doña  María Luisa Maldonado y Salabert hija del séptimo conde de Villagonzalo, que era la propietaria del Humilladero situado en la calle de Fuencarral número 44, haciendo esquina con Augusto  Figueroa. María Luisa falleció el 11 de mayo de 1947, en su testamento, cedió el Humilladero a la parroquia de San Ildefonso que en la actualidad se encarga de su mantenimiento. El Humilladero de Nuestra Señora de la Soledad construido en 1712 por el marqués de Navahermosa, consistía en un arco con el lienzo de Nuestra Señora de la Soledad. Posteriormente el arco quedó cubierto por un tejadillo y por último se cerró el Humilladero quedando una pequeña capilla fabricada en ladrillo como la podemos contemplar en la actualidad. La capilla no tiene culto al público, como curiosidad diremos que hace no muchos años se celebraban algunas misas, con los fieles asistiendo desde las aceras, pero en la actualidad ya se han suprimido.
Humilladero de Nuestra Señora de la Soledad en la calle Fuencarral número 44

Miradores del palacio del conde de Villagonzalo vistos desde la calle Hortaleza


Junto a la plaza de Santa Bárbara, en concreto delimitado por las calles: San Mateo, Mejía Lequeríca, Beneficencia y Serrano Anguita, podemos observar un viejo caserón que se encuentra en fase de rehabilitación. Nada llama la atención del paseante salvo que te preguntes la razón por la que un edificio en ruinas se encuentre semi abandonado, ocupando una gran parcela en pleno centro de Madrid.
Palacio de Ustáriz en proceso de remodelación

Esta fue la razón que me llevo a investigar la historia del edificio, descubriendo que era propiedad de Don Casimiro Manuel de Ustáriz y Azuara, Marqués de Ustáriz. En un principio, a la casona se la conocía como palacio del marqués de Ustáriz y que algunas fuentes lo denominan palacio de los condes de Villagonzalo, curiosamente, frente al palacio del marqués de Ustáriz y delimitando con la plaza de Santa Bárbara existe otro palacio  propiedad de los condes de Villagonzalo y que al parecer perteneció también al marqués de Ustáriz.
Detalles de la decoración del viejo palacio de Ustáriz

En el año 1748, los inmuebles situados en la parcela nº 336 de la Planimetría General de Madrid y que pertenecían a la marquesa de Serra, pasaron judicialmente en proceso testamentario al I Marqués de Ustáriz como principal acreedor de la Marquesa.
El marqués de Ustáriz levantó un nuevo edificio en forma de U bajo la supervisión del arquitecto José Pérez. El edificio principal de tres alturas delimita con la calle San Mateo, el resto de edificaciones se destinaban a la servidumbre y caballerizas. En cuanto a la arquitectura solo cabe destacar el edificio principal cuya fachada se encuentra realizada en ladrillo, decorada con columnas, destacado el escudo en la parte superior del balcón, el resto de edificaciones que conforman la U, solo disponen de dos alturas, la entrada a las caballerizas se realizaba por la calle de la Beneficencia.
Fachada del palacio de Ustáriz en la calle de San Mateo, con los detalles de la decoración simulando columnas

Años más tarde, todavía en el Siglo XVIII, el palacio pasa a ser propiedad de Vicente Maldonado Rodríguez de las Varillas, III conde de Villagonzalo.
En 1878, se realizaron reformas en el palacio afectando a la fachada principal de la calle  de San Mateo y a las cocheras en la calle Mejía Lequeríca. Las obras fueron ejecutadas por el maestro Antonio Mayo.
En el registro municipal, figura el edificio de la calle San Mateo con el nombre de Palacio de Villagonzalo, es por esta razón por la que los dos palacios con el mismo nombre, nos pueden llevar a la confusión.
Plaza de Santa Bárbara, la estrella azul señala el palacio de Villagonzalo y la estrella roja señaliza el palacio de Ustáriz

En el año 2002 los herederos del conde de Villagonzalo, venden el inmueble a la sociedad inmobiliaria Palacio de Villagonzalo S.L. con el fin de transformarlo en un hotel de lujo. Aunque las obras dieron comienzo, desde el 2007 se encuentran parcialmente suspendidas por un proceso judicial abierto.
El edificio está inmerso en un proceso judicial derivado de la operación Malaya que afecta especialmente a Marbella. El Ayuntamiento de Madrid concedió licencia de demolición del palacio en septiembre  del año 2003, en contra de los estudios realizados por el Plan General Urbano de Madrid, que exigía la tramitación de un Plan Especial a la Empresa Promotora Palacio de Villagonzalo S.L.
Por suerte el derribo no se llevó a efecto y la empresa propietaria del edificio solicito licencia de rehabilitación con el fin de convertir el viejo palacio en un hotel de lujo. La licencia fue concedida en Diciembre de 2005
El Plan General de Ordenación Urbana de Madrid considera que el antiguo palacio del marqués de Ustáriz y posteriormente palacio del conde de Villagonzalo, por los elementos decorativos que incorpora en su interior, cualquier reforma tiene que ir encaminada a la protección tanto del edificio como del jardín y el contenido del antiguo palacio.
La fachada de la calle Mejia Lequeríca ha desaparecido con las obras, existiendo en su lugar una valla de obra.

En el número 1 de la calle Mejía Lequeríca, justo frente al palacio de Villagonzalo, se encuentra un bonito edificio adornado con reptiles en su parte superior, por cuyo motivo el edifico es denominado la Casa de los Lagartos.
El edificio fue proyectado en el año 1911 por el arquitecto Benito González del Valle, destinado a viviendas en alquiler. El edifico está construido en una curiosa parcela cuyas medidas aproximadas son cinco metros de fondo por unos 55 metros de fachada.
Casa de los Lagartos, las flechas nos indican la poca profundidad del edificio

Debido al poco fondo del edificio, cada  planta se corresponde con una sola vivienda y cuyas dimensiones se ajustan a las del edifico, con un largo pasillo que recorre todas las habitaciones, ya que estas se orientan al exterior al igual que las cocinas y baños. En la última reforma efectuada, la mayor parte de las plantas  han sido divididas en dos viviendas por planta.
Detalle de los lagartos trepando

La Casa de los Lagartos es uno de los mejores  ejemplos de la influencia del estilo de la arquitectura austríaca en Madrid, imitando las grandes edificaciones de la Viena de comienzos del Siglo XX.
La casa no deja indiferente a nadie cuando se observan los lagartos trepando hacia la cornisa como queriendo subir al tejado..
Decoración de la Casa de los Lagartos

En la última remodelación efectuada se ha recuperado la fachada con elementos decorativos como cenefas y lambrequines que enmarcan los huecos de las ventanas.


Para terminar nuestro recorrido por la plaza de Santa Bárbara, podemos acercarnos al quiosco situado en el centro de la plaza y poder adquirir algún libro sobre Madrid a precios muy asequibles, o comprar unas flores para cualquier regalo que tengamos pendiente.
Se trata de un pequeño quiosco que se instaló después de la última remodelación de la plaza. El quiosco actual sustituye al antiguo quiosco construido por el arquitecto Manuel Valcorba en la década de los 40 del pasado siglo y que en sus bajos disponía de servicios públicos.
Antiguo quiosco en la plaza de Santa Bárbara

Frente al quiosco, en el lugar que se levantó el convento de Santa Bárbara, se encuentra una de las cervecerías con más solera de Madrid, se trata de la cervecería de Santa Bárbara.
Recopilando datos de la propia cervecería, queremos realizar un breve recorrido por la historia de esta emblemática cervecería.
En el año 1815 el Conde de Moctezuma de Tula y de Tultengo otorgó la licencia para establecer la fábrica de cerveza Santa Bárbara en la calle Hortaleza, nº 2.
 La denominación del condado, hace referencia al monarca azteca Moctezuma y fue otorgado por Felipe IV en 1627, posteriormente, cambió la denominación por condado de Moctezuma de Tultengo, otorgado por Carlos II y posteriormente Carlos III le concedió la Grandeza de España en el año 1766.
Cervecería Santa Bárbara con la fachada en obras

En 1966, quedó abierta la cervecería Santa Bárbara en la plaza del mismo nombre. En la cervecería  Santa Bárbara presumen de  tirar la mejor cerveza de Madrid debido a la experiencia adquirida a lo largo de casi 200 años. El secreto es elegir una cerveza de calidad y Santa Bárbara elige la cerveza Mahou.  Una vez elegida la cerveza, el secreto está en el tratamiento de la misma como la temperatura, la presión, vasos solo para cerveza y lavados a mano.
Literalmente, el sistema de tirar la cerveza en Santa Bárbara se resume en los siguientes puntos:
1-  Antes de empezar, humedecer el vaso para conseguir la temperatura ideal.
2-  Aproximar el vaso ligeramente inclinado al caño del grifo. Abrir el grifo completamente y dejar deslizar la cerveza por la pared del vaso, llenándolo hasta tres centímetros por debajo del borde.
3- Dejar reposar unos instantes hasta que desaparezca la espuma.
4- Con el grifo en posición del mango a 45 grados provocar una corona compacta de espuma hasta el borde de la copa.
5- Servir entre 2 y 4 grados para disfrutar de la cerveza.
Cervecería de Santa Bárbara, imagen propiedad de la cervecería


Como curiosidad decir que D. Benito Pérez Galdós en los Episodios Nacionales, ya nombraba la cerveza de Santa Bárbara: "... su almuerzo, el cual, según después observé, era el mismo todos los días. En la propia mesa de su despacho le sirvieron una chuleta con patatas, una ración de queso Gruyère y un vaso de cerveza de Santa Bárbara. Cuando vino el mozo del café a recoger el servicio, don Francisco le pagó de su bolsillo, y seguimos trabajando."

 Para terminar nuestro recorrido, solo desearos que disfrutéis de la cerveza y el aperitivo en Santa Bárbara.

miércoles, 7 de agosto de 2013

CALLE DEL ARENAL


Entre la Puerta del Sol y la Plaza de Isabel II, se extiende una de las calles más populares y con más solera de Madrid “Calle del Arenal”.
Mucho ha cambiado la fisonomía de esta zona de la capital desde los tiempos en que Madrid comenzó a ensanchar sus límites fuera de la muralla.
Los terrenos a izquierda y derecha de la actual calle del Arenal, eran grandes barrancos que vertían sus aguas en el arroyo principal que naciendo en el barranco de la Zarza, actual Puerta del Sol, desembocaba en el arroyo de Leganitos, pasando previamente por la Plazuela del Barranco en la actualidad Plaza de Isabel II.

En verano nuestro arroyo se convertía en un gran arenal, así que la futura calle llevaría el nombre de “Arenal”. Cuando se comenzó la construcción de los barrios de San Ginés y San Martin, fue necesario efectuar desmontes para urbanizar la zona, muchos de estos desmontes fueron a parar al barranco del Arenal y sirvieron para asentar los terrenos de la futura calle.
El barrio o colación de  San Ginés quedó estructurado en torno a la parroquia de San Ginés Arles, surgiendo como un arrabal independiente del vecino San Martín. El barrio se estableció entre el arroyo del Arenal y el camino de Guadalajara. El primer documento que se posee de la existencia de la parroquia de San Ginés es de 1358, año en que aparece una bula papal de Inocencio VI, por la que se concedía indulgencia a las personas que aportasen donativos para la iglesia de San Ginés. Se cree que la iglesia se construyó en los terrenos de una ermita que existió en el Siglo XIII.
En el barrio comenzaron a establecerse los artesanos de la metalurgia, tejidos y cueros, que en el futuro darían lugar a las calles con nombres como: Tintoreros, Bordadores, Coloreros, Herradores, etc.
Arquitectura de la calle del Arenal, según Pedro Texeira año 1656

Con la llegada de los borbones, la calle del Arenal se convertirá en una de las principales arterias de Madrid, al establecerse como vía de enlace entre el viejo Alcázar y la Puerta del Sol. Esta circunstancia será aprovechada por la burguesía para establecer en la zona sus residencias.
La calle Arenal, comenzará a ser muy frecuentada por los madrileños del Siglo XVIII, por ser la calle que finalizaba en el teatro de los Caños del Peral. En 1850, se construyó el Teatro Real, sustituyendo al anterior teatro. El espaldarazo definitivo para la calle le llegó en el año 1871 con la inauguración del teatro Eslava, que disponía de  salón-café en la planta inferior.
En la calle del Arenal junto a Bordadores, el 18 de julio de 1872, fueron objeto de un atentado el rey Amadeo I y su esposa que aceleró la ya anunciada renuncia al trono del monarca.


En la calle del Arenal, en concreto en el número 20, falleció el año 1909 el compositor Ruperto Chapí, asimismo en el número 26, el 8 de Marzo de 1898, fallecía el torero Salvador Sánchez Povedano más conocido como Frascuelo  a consecuencia de una pulmonía.

Hemos realizado un breve recorrido por la historia de la calle del Arenal y ahora nos toca pasear tranquilamente contemplando a nuestro paso la extraordinaria arquitectura que nos indica los tiempos de esplendor que se vivieron en este espacio de la capital.


Comenzaremos nuestro recorrido en la casa del posiblemente más famoso de sus vecinos “El Ratoncito Pérez”.
¿Quién de pequeño no ha dejado su diente caído debajo de la almohada para el Ratoncito Pérez? Se trata de un personaje popular en todo el mundo hispano que cambia los dientes por pequeños regalos o monedas.
En el portal de su casa, el Ratoncito Pérez, nos da la bienvenida

En el mundo anglosajón se le conoce como “el Hada de los Dientes”, en Francia como “la Petite Souris”, en Italia se le conoce como "Topolino", en Cataluña se le conoce como "l'Angelet", en el País Vasco  se le conoce como "Maritxu teilatukoa" y en Cantabria es "L´Esquilu de los dientis". Independientemente de su nombre nuestro personaje siempre ha estado presente en los primeros años de la vida de los niños.
En el año 1911, se publicó el cuento del Ratoncito Pérez del padre Luis Coloma, miembro de la Real Academia de la Lengua Española.


El origen del cuento se establece en el Palacio Real cuando en el año 1894, la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena, madre de Alfonso XIII pidió al padre Coloma que escribiera una historia para su hijo Bubi, nombre con el que la reina llamaba al futuro Alfonso XIII  que por aquellas fechas tenía 8 años, y que como todos los niños había perdido su primer diente. El padre Luis  Coloma atendiendo a los deseos de la reina, escribió la historia del Ratoncito Pérez y su amigo, el rey Bubi.
Coloma estableció su historia en el número 8 de la calle del Arenal. El ratoncito vivía con su familia dentro de una  caja de galletas, en el almacén de la famosa confitería Prast.  El pequeño roedor se escapaba por las noches  de su domicilio y, a través de las cañerías de la ciudad, llegaba a las habitaciones del pequeño rey Bubi y las de otros niños  que habían perdido algún diente, despistando a los gatos, que siempre estaban al acecho.
Placa del Ayuntamiento de Madrid, en homenaje al Ratoncito Pérez

El Ayuntamiento de Madrid en homenaje a este ilustre madrileño, ha instalado una placa conmemorativa en la calle del Arenal número 8, el mismo lugar donde el padre Coloma situó la vivienda del roedor, con el siguiente texto: “Aquí vivía dentro de una caja de galletas en la confitería Prast, el Ratoncito Pérez, según el cuento que el padre Coloma escribió para el Rey niño Alfonso XIII (Ayuntamiento de Madrid)”.
Almacenes Prast, antigua casa del Ratoncito Pérez año 1934

El Ratoncito Pérez es de los pocos personajes de ficción que tiene residencia conocida y que podemos visitar en el primer piso del número 8 de Arenal, para conocer los detalles de su morada.


En el número 9 de la calle del Arenal, se encuentra el Palacio de Gaviria construido entre los años 1846 y 1847 por el arquitecto Aníbal Álvarez Bouquel para el banquero Manuel de Gaviria Donza. El palacio se construyó sobre el solar donde se encontraba la residencia del duque de Arcos.
Don Manuel Gaviria y Donza nacido en Sevilla, había conseguido amasar una fortuna en complicadas operaciones financieras, llegando a conseguir en el año 1840 el título de Marqués de Casa de Gaviria.  En 1844, Gaviria junto con el Marqués de Salamanca, participó en la fundación del Banco de Isabel II.
Antiguo Palacio de Gaviria

A su llegada a Madrid, elige para su residencia la calle del Arenal, donde se encontraban las residencias de las grandes fortunas de Madrid
Avalado por la inmensa fortuna de Manuel Gaviria, el arquitecto Aníbal Álvarez proyecta uno de los más lujosos palacios de Madrid, siguiendo el modelo del Palacio Farnesio de Roma, diseñado por Antonio Sagallo y la participación de Miguel Ángel.
Interior del Palacio de Gaviria

El edificio queda estructurado alrededor de dos patios, constando de tres plantas: Planta baja, principal y segunda planta. En el edificio predominan los arcos de medio punto, bóvedas de cañón, guirnaldas, medallones y pilastras.
La puerta principal, se encuentra frente a la Plaza del Celenque desde donde tenemos una bonita perspectiva del Palacio. A la derecha de la entrada se encuentra la escalera de honor, cuyo techo está decorado  por Joaquín Espalter y Rull, pintor de la reina Isabel II, las pinturas hacen alusión al dios Mercurio.
La planta principal, disponía de amplios balcones a través de los cuales el paseante y los curiosos, podían contemplar el esplendor de las fiestas que allí se celebraban. El techo del Salón  de Baile, está decorado con temas alusivos a Isabel la Católica, Isabel II y la toma de Granada.
A la izquierda escalera en todo su esplendor y a la derecha condenada por reforma

El palacio se inaugura en el año 1851 con un baile presidido por Isabel II. Ese mismo año, el II marqués de Casa Gaviria, Manuel de Gaviria y Alcoba, recibe el título de Conde de Buena Esperanza.
Antes de la finalización del Siglo XIX, se añade una cuarta planta al Palacio. Será ya en el año 1990 cuando se realice una nueva restauración que modifica la construcción original, respetando la entrada, la escalera y la planta  principal.
En los últimos años el palacio ha servido como centro comercial de decomisos, especialmente en la planta baja, la planta principal es utilizada para reuniones, fiestas y exposiciones. En esta planta se encuentra la Discoteca Palacio de Gaviria, una de las más lujosas de Madrid.
En la actualidad, el edificio se encuentra en fase de restauración y la mayoría de locales cerrados, cuando penetras en él y observas las pinturas, te invade  una sensación de soledad y pesimismo, quedándonos solo la esperanza de que más pronto que tarde, el palacio vuelva a lucir sus mejores galas. 



En el numero 11 de Arenal, se encontraba el  Teatro Eslava. Su fundador fue el empresario Bonifacio Eslava, hermano del músico Hilarión Eslava. El arquitecto encargado de su construcción fue Bruno Fernández de los Ronderos en un estilo neoclásico. El Teatro fue inaugurado el 30 de Septiembre de 1871 y tenía una  capacidad para 1.200 espectadores.
Edificio del antiguoTeatro, actual discoteca Joy Eslava

En sus primeros años, el Teatro se destinó a sala de conciertos y almacén de instrumentos musicales. En 1873,  la planta baja se convirtió  en un café y se construyó  un teatro de dos pisos donde se representaban obras del llamado género atrevido. La popularidad del café fue en aumento y aprovechando el incremento del número de clientes se comenzaron a estrenar zarzuelas en el Teatro.
En el género de la zarzuela destacan los estrenos de obras como: El Tambor de Granaderos año 1894 y la Alegría de la Huerta año 1900.
En el género de la revista destacaremos:  La Corte del Faraón año 1910, Las Castigadoras año 1927, Yola año 1941, con Celia Gámez, si Fausto fuera Faustina año 1942, con Celia Gámez.
Joy Eslava con San Ginés a continuación

De las obras de teatro destacaremos: La Primera Conquista año 1910, de Carlos Arniches, el Maleficio de la Mariposa año 1920, de Federico García Lorca, no te Ofendas Beatriz, año 1920, de Carlos Arniches.
El Teatro fue reformado varias veces en el pasado siglo, sufriendo un grave incendio en la década de los 90, en sus últimos años como Teatro, fue empresario el aristócrata Luis Escobar. El Teatro cerró sus puertas en el año 1981 para convertirse en la Discoteca Joy Eslava.

En el Nº 19 de la calle Arenal, se encuentra uno de esos edificios que llaman poderosamente la atención cuando contemplas su arquitectura, se trata del antiguo Hotel Internacional.
Antiguo Hotel Internacional

El edificio fue mandado construir para viviendas por D. Manuel López Rego en 1862 y proyectado por los arquitectos José María Mellado y Máximo de Robles. La planta baja fue destinada a usos comerciales.
Decoración de la fachada

En 1908, y tras una reforma a cargo de Mariano Belmás, el edificio se transformó en hotel, modificándose la decoración de la fachada con una decoración propia del comienzo del Siglo XX, destacando el uso de cariátides y el almohadillado de las fachadas.
Detalles de la decoración de la fachada

En 1930, era considerado como uno de los hoteles con mayor confort de Madrid, disponiendo sus habitaciones de calefacción central y baños desde 10 pesetas. El hotel se hizo famoso por su espléndido restaurante.
En 1986, bajo la dirección del arquitecto Horacio Domínguez, el edificio fue nuevamente transformado para volverse a convertir en edificio de viviendas.


Entre la Puerta del Sol y la Travesia del Arenal en la acera de los impares, se encuentra el antiguo Centro Comercial Palazuelo que tiene su entrada por el  nº 4 de la calle Mayor. Este inmueble es obra del arquitecto don Antonio Palacios Ramilo, fue construido en 1919 por encargo del promotor privado Demetrio Palazuelo quien pretendía realizar un edificio de carácter exclusivamente comercial que acogiese tiendas, escaparates, oficinas y despachos, en este sentido se trata de una iniciativa pionera en cuanto a la introducción en Madrid de una construcción proyectada exclusivamente para estos fines. Para ello, el arquitecto se inspiró en la arquitectura comercial que se realizaba en Norteamérica por aquellas fechas.
En el centro de la imagen, fachada del edificio Palazuelo en la calle del Arenal

  El inmueble se levanta en parte del solar que había estado ocupado por el Palacio de los condes de Oñate, antes de la reforma de la Puerta del Sol. El solar con fachada a la calle Mayor y a la calle Arenal, permite a Palacios diseñar dos fachadas diferentes, dándole más importancia a la de la calle Mayor. En ambas fachadas, Palacios  utiliza un orden monumental de diseño clásico en el que se alternan grandes franjas acristaladas que recorren verticalmente la superficie. En el interior se presenta una planta cuadrangular de lados desiguales, en el eje se sitúa la escalera de doble tiro y un patio central en torno al que se distribuyen las cuatro alturas. La cubierta original estaba formada por una magnífica vidriera, hoy desaparecida. En el interior dominan las formas curvas y ovaladas de un claro sentido barroco.
Fachada del edificio Palazuelo por la calle Mayor

Antonio Palacios participo en otras muchas obras de la Capital como: El Palacio de Comunicaciones, el Antiguo Hospital de Jornaleros, el Edificio del Circulo de Bellas Artes, el edificio del Banco Español del Rió de la Plata y las entradas a las estaciones del Metro.

Como hemos indicado, el Centro Comercial, se levanto sobre el solar que había pertenecido a los condes de Oñate. El Palacio de Oñate y sus moradores tienen una curiosa historia y recomendamos su lectura en nuestra entrada sobre la calle Mayor.

 Al principio de nuestra entrada recordando la historia de la calle del Arenal, hicimos referencia a la primitiva Iglesia de San Ginés, que se remonta al Siglo XIV. La iglesia de San Ginés es un templo bajo la advocación de San Ginés de Arlés, cuya fachada principal se encuentra en el nº 13 de la Calle Arenal, teniendo también fachadas con el 8 de la Calle de Bordadores, la Plazuela de San Ginés y el Pasadizo de San Ginés. El conjunto arquitectónico,  junto con las imágenes y pinturas depositadas en su interior, constituye un notable conjunto histórico y artístico del denominado Madrid de los Austrias.
Entrada Iglesia de San Ginés

San Ginés de Arlés nació en Arlés Francia, en fecha desconocida y falleció decapitado en los años 303 o 308 según las fuentes. Bajo el mandato de los emperadores Maximiano y Diocleciano, ejerció de notario militar. Se le considera el patrón de los notarios, escribanos y secretarios.
Vista de la Iglesia por la calle Bordadores

Las primeras referencias de la barriada de San Ginés, se remontan a la época musulmana donde se decía que existía una mezquita que ya visitaba San Isidro Labrador. No sabemos con certeza cuando se levantó el nuevo templo, la primera referencia es del año 1358 a través de la bula papal de Inocencio VI que concedía indulgencia plenaria a los feligreses que aportasen donativos para la iglesia.
Torre de San Ginés al final de la calle Bordadores

La portada de la fachada de la calle Bordadores, lleva una inscripción con el escudo del papa Inocencio.
Han pasado muchos años y como es natural, la iglesia ha sufrido los rigores del paso del tiempo y la que podemos contemplar en la actualidad poco o nada se parece a la original.
Escudo Papal en la entrada por la calle Bordadores

La iglesia que se encontraba sobre un terreno arenoso, se derrumbó parcialmente en el año 1641, siendo reconstruida nuevamente bajo el diseño de fray Lorenzo de San Nicolás, el alarife encargado de las obras fue Juan Ruiz. Las obras se prolongaron hasta el año 1672 debido a problemas económicos y  a pesar que el propio rey Felipe IV, costeo parte de la obra. Felipe IV, había fallecido en 1665 y el propio Juan Ruíz falleció en mismo año de la conclusión del templo.
Calle Bordadores año 1930

Posteriormente, la iglesia sufrió  incendios en los años 1724, 1756 y 1824, siendo necesario efectuar restauraciones. La actual decoración interior se realizó después del segundo incendio, siendo responsable de las obras Juan de Villanueva que había recibido el encargo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
En el año 1869 el Ayuntamiento ordena transformar la fachada de la calle del Arenal, obra encargada al arquitecto José María Aguilar. El proyecto cambiaba por completo el estilo arquitectónico de San Ginés, siendo rechazado por el arzobispado, pero el Ayuntamiento ya tenía tomada su decisión y la obra se llevó a cabo
San Ginés año 1914

La ejecución de los trabajos se desarrolló entre los años 1870-1872, caracterizándose por sus arcos carpaneles y estilo neo-plateresco. La fachada había cambiado por completo, pero para no romper las líneas con el resto del edifico, se añadieron algunos elementos decorativos.
A fines del Siglo XIX se arreglaron algunos desperfectos en la cubierta, en las canalizaciones y en interior. En el año 1903 se revocaron ligeramente los muros exteriores, debido a su estado de deterioro.
Placa recordando las efemérides más importantes de San Ginés

Durante la Guerra Civil, la iglesia permaneció cerrada al culto, utilizándose como cuartel militar  del Gobierno Republicano. La iglesia sufrió el impacto varios proyectiles que ocasionaron diversos daños, que fueron corregidos en la década de los 40.
Será entre los años  1956-1964 cuando se realice la última intervención al edificio, obras llevadas a cabo por el arquitecto José Luis Marín hermano del entonces párroco, José Ignacio Marín.
Se acometió la restauración de los cimientos, se realizaron intervenciones en el interior, se sustituyó la ornamentación neo-plateresca de los vanos por otra más semejante a la del siglo XVII y se remodelo por completo el exterior, tratando de devolver a la iglesia el aspecto que tenía en el Siglo XVII, de acuerdo con la arquitectura típica del Madrid de los Austrias. En la torre, se mantuvo el ladrillo original.
Acceso a la Sacristía desde el Pórtico

La fachada de la calle del Arenal fue completamente reformada, reemplazando las ventanas del segundo cuerpo  por balcones, se añadió un tercer cuerpo en el que figuran una hornacina en el centro con la imagen de San Ginés y dos ventanas a los lados, la fachada quedó rematada con un frontón triangular terminado en cruz, en los arcos inferiores se cambiaron las columnas por otras de estilo toscano.
Llama la atención la entrada de la iglesia formada por una lonja cerrada por una verja. El espacio que en la actualidad ocupa la lonja, fue utilizada en otros tiempos como cementerio. Los edificios situados en ambos lados de la lonja corresponden a la Sacristía y a la Capilla del Santísimo Cristo.
Hornacina de San Ginés

Sin tener confirmación, se comenta que bajo las escaleras de acceso a la iglesia, existe un pozo que en tiempos de la Inquisición fue utilizado como crematorio.
A la entrada del templo, una placa nos recuerda los hechos más significativos ocurridos en el templo a lo largo de su historia.
Antiguamente la entrada al templo se realizaba por la calle Bordadores en alusión al gremio que se estableció en la zona en tiempos de Juan II de Castilla. En principio la calle se denominaba San Ginés, por conducir a la iglesia del mismo nombre.
Expulsión de los mercaderes, El Greco

La fachada es de estilo neoclásico, con una portada neo plateresca con el escudo del papa Inocencio VI y rematada por un frontón con ventana circular. En la fachada de la calle Bordadores, destaca sobre manera la torre de la iglesia con balcones enrejados y chapitel de pizarra, todo el conjunto rematado  con una bola, veleta y una cruz que hace las funciones de pararrayos.
Todo el exterior del templo, es de una gran belleza, destacando sus muros, de ladrillo y mampostería de estilo toledano.
Altar Mayor de San Ginés

Para terminar nuestro recorrido por la iglesia de San Ginés, realizaremos un pequeño recorrido por su interior, para conocer algunos detalles, pero se hace necesario realizar una visita en profundidad para poder admirar las obras de arte que guarda nuestra iglesia.   
La planta de cruz latina está formada por tres naves y gran número de capillas todas cerradas con rejas artísticas. Las naves se cubren con bóvedas de cañón y sobre el crucero se alza una cúpula sobre pechinas. Las capillas laterales se cubren también con cúpulas vaídas sobre pechinas. La capilla del Santísimo Cristo, es casi una iglesia independiente y con portada propia al atrio, de planta de cruz latina, bóveda de cañón con lunetos y cúpula sobre pechinas cubriendo el crucero, decorada toda ella con mármoles de colores y pintura en estuco imitando al mármol.
Capilla del Santo Cristo

El incendio de 1756 provocó la destrucción de la cúpula y los cubrimientos de las tres naves y cuya renovación corrió a cargo de Juan de Villanueva.
En el interior de la iglesia, podemos contemplar gran número de  pinturas e imágenes, unas anónimas y otras de artistas como: El Greco, Luca Giordano, Alonso Cano, Antonio de Pereda, Francisco de Ricci, Gerhar Seeghers, Nichola Fumo, Michael Coxie o escultores como Juan Pascual de Mena y los italianos Michelangelo Nacherino, Leone y Pompeo Leoni.
Podemos contemplar hasta veinte lienzos y treintaicinco esculturas distribuidas entre las capillas y las naves principales.
Cristo caído de Nicola Fumo

La sacristía guarda una mesa italiana del siglo XVI con tablero de mármol con incrustaciones y un lavabo regalos de Isabel II. Dos tallas en madera policromada de Santo Domingo de La Calzada y Santo Domingo de Silos que se encontraban en el altar de la Virgen de Valvanera.
En el archivo parroquial se conservan gran número de documentos como las partidas bautismales de la infanta Catalina Micaela, segunda hija de Felipe II y de Francisco de Quevedo,  actas matrimoniales de Lope de Vega con Isabel de Urbina y de Francisco Javier de Goya y Bayeu, hijo de Francisco de Goya, partidas de defunción del músico Tomás Luis de Victoria y de los pintores Juan Pantoja de la Cruz, Juan van der Hamen, Juan de Espinosa, Juan Bautista Martínez del Mazo y Francisco Herrera el Viejo.
Como no es la intención de este trabajo profundizar en los tesoros de San Ginés, recomendamos visitar la iglesia y admirar el patrimonio artístico que posee.


Cuando nos acercamos a la iglesia de San Ginés se puede observar adosada al templo por el Pasadizo de San Ginés una pequeña librería realizada en madera y que está considerada como una de las librerías más antiguas no solo de Madrid, sino de España, se trata de la Librería de San Ginés.
Librería de San Ginés en reposo

En este rinconcito de la calle del Arenal se respira historia por sus cuatro costados.  Su especialidad son los libros antiguos y de segunda mano, destacando manuales sobre medicina, arte y filosofía sin olvidarnos de la  narrativa y como no, de la política.
Cuando se abren sus persianas, los libros comienzan a distribuirse por pequeñas mesas que ocupan el pasadizo y donde los turistas pueden adquirir guías de la ciudad.
Librería San Ginés esperando a los clientes

En ocasiones, paseando por las calles del viejo Madrid, nos podemos encontrar con rincones que suelen pasar desapercibidos al gran público y que te transportan a otras épocas en las que el día a día transcurría de forma más relajada. Este es el caso de la Librería San Ginés que desde su fundación en el Siglo XIX ha sido testigo del tránsito constante de los madrileños por la calle del Arenal, camino de Teatro Real, o del vecino Teatro Eslava y como no,  los clientes habituales de la Chocolatería de San Ginés.

Existen referencias en los periódicos de la época de que ya existía en los comienzos del Siglo XIX. El máximo de popularidad de la librería fue a comienzos del Siglo XX, cuando era muy visitada por personalidades de la política, las artes y las letras.
La Librería San Ginés tiene una curiosa arquitectura formada por  estanterías y una pequeña edificación de madera a modo de  kiosco para protegerse de las inclemencias atmosféricas, todo el conjunto se cierra con persianas y un pequeño dejadillo.

Al final del Pasadizo de San Ginés se encuentra la famosa Chocolatería San Ginés que tantas tazas de chocolate con churros ha servido a lo largo de su existencia.
Arco de San Ginés en la década de los años veinte del pasado siglo

En uno de los rincones más antiguos de Madrid se fundó la chocolatería en 1894, aprovechando el local que antes ocupaba un mesón y hospedería. En el año 1884  Lázaro López, abrió en el Pasadizo de San Ginés número 5 una sucursal del bodegón “Le Petit Fornos” que ya existía en la calle de Capellanes, número 1, que en la actualidad conocemos como del Maestro Victoria. 
Pasadizo de San Ginés con la chocolatería al fondo


El local se convertiría en un restaurante de variados menús, disponiendo de un comedor  para sesenta comensales. Poco después en el año 1888, el restaurante amplió sus servicios con la Fonda de Lázaro López.
La Chocolatería San Ginés adquirió el local de “Le Petit Fornos” y abrió sus puertas sirviendo chocolate acompañado de  buñuelos, churros y porras.
Vieja imágen de la Chocolatería

En los veinte del pasado Siglo, en algunos círculos la chocolatería era denominada como “El Maxim’s golfo”, porque era el único establecimiento que permanecía abierto hasta altas horas de la madrugada.
La Chocolatería se puede afirmar que es una de las más antiguas de  Madrid, manteniendo su tradicional chocolate desde aquellos tiempos en que después de cada función del Teatro Eslava, los espectadores se pasaban a tomar el correspondiente chocolate con churros. Al día de hoy, sigue siendo uno de los locales más visitados, en especial en ciertas fechas como el último día del año. La chocolatería, aunque reformada, todavía mantiene parte de su primitiva decoración como el mostrador y las mesas de mármol.
Año 1931, vista desde la Plazuela de San Ginés.

Al final del Pasadizo de San Ginés, podemos contemplar un arco que da acceso a la Plazuela de San Ginés y a la calle Coloreros. El arco, es el punto de unión de la iglesia de San Ginés con el número 5 del pasadizo y cuenta Pedro de Répide, que el espacio era utilizado por la iglesia para la celebración de las honras fúnebres.


En la Travesía del Arenal número 1, junto a la calle del Arenal, nos encontramos con la “Librería Gabriel Molina de los Bibliófilos Españoles”.
La Travesía del Arenal, no es un lugar de paso habitual para los transeúntes por cuyo motivo pasa desapercibida nuestra librería, auténtico tesoro en uno de tantos rincones de la ciudad de Madrid.


En sus comienzos, de trataba de un puesto callejero dedicado a la venta de libros, y terminó convirtiéndose en una de las más famosas librerías de Madrid. Ya ha cumplido 133 años desde que sus primeros propietarios  Bernardo Rico y su esposa, Antonia Enguita, pusieron en marcha el negocio. Como establecimiento centenario ha sido acreditado por el Ayuntamiento de Madrid, con una placa que pretende agradecer la trayectoria y labor de las tiendas más antiguas de la Villa.
En 1.906, el establecimiento tomó el nombre de Librería de los Bibliófilos Españoles, como podemos leer en el  mosaico de azulejos amarillos que se encuentra en la fachada.
Ya en 1.910, Gabriel Molina heredó la tienda, y desde entonces se ha mantenido la tradición familiar hasta nuestros días.
Placa conmemorativa de establecimiento centenario.

En la actualidad se mantiene la decoración y así se pueden contemplar  los escaparates de madera y cristal y el mobiliario de la época, donde destacan las estanterías repletas de libros antiguos y modernos.
En la librería disponen de algunos ejemplares del Siglo XVI, aunque se han especializado en libros del Siglo XIX.
En poder de  Gabriel Molina estuvo un gran tesoro como fueron las dos partes de la primera edición de El Quijote, posteriormente fueron vendidas a la muerte de su propietario.


Hemos realizado un pequeño recorrido por la calle del Arenal, deteniéndonos en algunos de los edificios más singulares, pero antes de finalizar nuestro paseo, queremos realizar un pequeño recordatorio a esos otros establecimientos y edificios que pasaron a mejor vida.
Arenal siempre se ha distinguido por sus establecimientos de hostelería y comercio y por los personajes ilustres que vivieron en algún momento de su vida en esta emblemática calle.
Hasta el Siglo XV, se celebraba un mercado de carnes, frutas y pescados en la lonja de San Ginés.
Casa donde falleció el compositor Ruperto Chapí

Frente a la iglesia de San Ginés, en el año 1523, se estableció el Hospital de Peregrinos y allí permaneció hasta el año 1580.
El comercio de libros estuvo muy presente en la calle del Arenal como: Librería Requena que ya existía en el Siglo XVI, en el Siglo XVII, Pedro de Torres, estableció su librería frente a San Ginés, la librería Pupart se estableció en Arenal en el año 1846, dedicándose a la venta de libros extranjeros y en 1863, ya se encontraba en la calle del Arenal, la librería Hernando dedicada a la venta de folletines románticos.
Calle Arenal con el Teatro Real al fondo

En la calle del Arenal, no podían faltar los cafés: La botillería Angulo ya atendía a la clientela en el Siglo XVIII. Junto a la Plaza de Celenque, se encontraba el café de Europa, también llamado el Casinillo de los Milicianos Nacionales, fue el primer lugar que se jugaba a las cartas en Madrid. Otros cafés que se encontraban en Arenal fueron: Correos, María Cristina y el más popular el Café de Levante, establecido en el número 15 y a cuyas tertulias asistía Pío Baroja.
Arquitectura de la calle del Arenal esquina con calle de las Fuentes

En el número 8 se encontraba la confitería Prast de la que hemos hablado al principio de nuestra entrada, por residir en ella el Ratoncito Pérez, en el número 6, se encontraba la confitería Martinho y que cita Benito Pérez Galdós en algunas de sus obras, esta confitería tiene el honor de haber puesto a la venta entre otras delicatesen las castañas glaseadas.
Pero si hay un gremio que ha destacado en la calle del Arenal, es la hostelería. En el año 1850, en el número 12, se encontraba el Hostal Nava, poco después en 1862, se construyó el edificio que posteriormente albergaría  el Hotel Internacional y del que ya hemos hablado. En la década de los 70 del Siglo XIX, en los números 1 y 3, se encontraba el Hotel Londres y en el número 21 se construyó el Hotel de las Cuatro Naciones, en este hotel se hospedaron entre otros, Menéndez Pelayo y Rubén Darío. En 1895, en el número 4 se estableció el Gran Hotel de Oriente, con precios desde 30 reales.
Calle del Arenal

Para terminar nuestro recorrido por la calle del Arenal, recordaremos a algunos de sus vecinos más ilustres y cuyas casas ya han desaparecido: Frente a la calle de las Fuentes en Costanilla de los Ángeles se encontraba la casa del marqués de Legarda, que era amigo del Conde-Duque de Olivares, el propio Conde-Duque tenía su casa junto a la de su amigo Legarda.
Calle del Arenal con el antiguo Hotel Internacional en primer término

Junto a la Plaza de Celenque, se encontraban las casas de los duques de Nájera y del conde de Fuenteventura.
Frente a la Plaza de Celenque se encontraba la casa de los duques de Arcos, donde posteriormente se levantó el Palacio de Gaviria. Llegando a Sol en la acera de los impares, se encontraba la casa del conde de Fuentes. En el año 1861, de todas las casas solariegas solo quedaba en pie la de los condes de Torrubia construida frente a San Ginés.
Año 1955, labores de limpieza en la calle del Arenal


Comienzo de las obras en la Puerta del Sol, a la izquierda calle del Arenal

Las obras de la Puerta del Sol muy avanzadas con la calle del Arenal a la izquierda